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80696 Vistas - 7 de Septiembre, 2010
  HERMANAS EN EL MUNDO
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En el Corazón de
la Iglesia hoy

En Fidelidad a los orígenes
En Comunión de Carismas

A los 150 años de fundación, el Espíritu Santo nos convoca, justamente hoy, a nosotras, Hijas de Gianelli, en esta nuestra época, angustiada y espléndida, a una nueva concentración de energías en el cumplimiento de la labor que nos espera. La Iglesia nos llama y recuerda que debemos asumir nuestra responsabilidad con renovado entusiasmo. Con la gracia del Espíritu Santo y en comunión con todos los hombres de buena voluntad, queremos vivir y obrar de modo que la Iglesia se expanda en la vida y esperanza del hombre, con nueva dimensión.

La Hija de María Sma. del Huerto, por tanto, hoy relee el plan de Dios sobre su "creatura real" y orienta sus esfuerzos hacia el hombre "aquí y ahora" según la orden de su Fundador, y se une, así al corazón mismo dela esperanza evangélica.

Pero, quién es esta Hija de María Santísima del Huerto?

Es una mujer que ha elegido Dios, que por Él fue consagrada, que lo busca cada día con "ánimo franco y sereno, libre y decidido". El amor de Dios lo vive en el amor por los hermanos.

Por eso: "en simplicidad, en pobreza, en total disponibilidad se empeña en conocer a los hombres de su tiempo, sus necesidades... y se pone a su servicio".

El Instituto, por tanto, realiza su misión evangelizadora en la Iglesia mediante la caridad evangélica que nace de la contemplación y de la adoración y se encarna en el servicio.

En contacto con Dios la Hija de María se llena de fe, de motivaciones profundas de amor y de gozo para vivir totalmente su misión.

"Dejar a Dios por Dios..." le dice su Fundador. Pero le recuerda también la "oración continua"... Su servicio es continuación de su contemplación.

Su carisma es profetismo. Recuerda que es extremamente importante el testimonio como irradiación de una fidelidad gratuita al evangelio. Recuerda que el imperativo de su ser: "signo, conciencia crítica, mensaje", se origina en la pobreza, vive en la libertad y se convierte en don de sí.

Vive en libertad: en una libertad que emana de la pobreza y se traduce en don de sí mismo.

"... Una mujer libre y liberadora - totalmente comprometida - humanamente rica, abierta a la alegría y a la esperanza" es la expresión de la novedad de vida, según el proyecto de S. Antonio Gianelli que ella convierte en una realidad para toda su existencia.

En un mundo de violencia y guerra fratricida, la vida de una gianellina es un perenne llamado a la reconciliación, a la paz, a la fraternidad.

Se esfuerza por transparentar en su mirada la misma mirada de Cristo para mostrar a los hombres la Omnipotencia de Dios.

Vive la comunión con el Señor y con sus hermanos, para que esta comunión se convertía en signo de Iglesia y se comunique a todos los hombres con los cuales ella debe relacionarse. La Comunidad de las Hijas de Gianelli está insertada por vocación y por misión en el corazón de la Iglesia. Bajo la acción del E. Santo, cada hermana se convierte en don para la Comunidad Eclesial.

El Instituto ha vivido, como tantos otros, momentos difíciles, pero la historia del Pueblo de Dios nos enseña "que la noche prepara la aurora de una mañana llena de sol, que el grano muere en la tierra prepara la espiga, que Getsemaní prepara el alba de la Resurrección".

Hoy, el Instituto, renueva su fidelidad: a) a la originalidad de su espíritu; b) a la Iglesia, a la cual desea recurrir siempre como criterio último, de los propios discernimientos; c) al hombre de hoy. Y con la Iglesia en camino vive sus momentos de reflexión, sus saltos de prospectiva, sus pausas de revisión.

Fiel a la Iglesia misionera el Instituto evalúa, con ella, su propia misión de evangelización, promoción humana y se examina sobre su responsabilidad apostólica.

La Hija de María establece cuáles son las urgencias a las cuales, junto al pueblo de Dios, debe responder. Busca, en unión con sus hermanas, en la oración, el diálogo, el discernimiento, cuáles son ambientes en los cuales puede realizar mejor la misión del Instituto; servir al hombre, a todo el hombre. Que el propio serivicio sea un mensaje de amor y de esperanza sobre todo a los pobres, a los enfermos y, preferentemente, allí donde otras no pueden ir.

Siente su responsabilidad frente al hombre de hoy en la concreción de un servicio al cual fue destinada e inserida por la propia comunidad, en la Pastoral de la Iglesia local. Responde al llamado de modo creativo, con audacia y entusiasmo, haciéndose presente en la forma creativa, como tesitmonio al mundo.

Tras las huellas del Fundador, revisa continuamente las formas de servicio, evaluándolas a la luz de los signos de los tiempos, buscando un bien estable, mientras respeta el dinamismo de la historia.

El Carisma de San Antonio Gianelli, está abierto a las necesidades de todos los hermanos y en todas las formas exigidas por la realidad existencial.

"Harán el bien con los medios más universales y simples". Única condición: sobre la técnica y la eficiencia prevalecen siempre el respeto y el amor al hombre.

El cuidado y el amor de una Hija de Gianelli, se dirige ante todo al mundo doliente, mundo marginado.

En la vida del barrio pobre la presencia de la Hija de María no puede ser otra cosa que una experiencia de pobreza, disponibilidad, condivisión.

En medio de los pobres hace de su vida una comunidad de oración, para que la misma sea una comunidad de testimonio y de servicio y sepa redescubrir, con los pobres, el sentido profundo del evangelio.




 
 
 
 
 
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