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En el
Corazón de la Iglesia hoy
En
Fidelidad a los orígenes En Comunión de Carismas
A los 150 años de fundación, el
Espíritu Santo nos convoca, justamente hoy, a nosotras, Hijas de Gianelli,
en esta nuestra época, angustiada y espléndida, a una nueva
concentración de energías en el cumplimiento de la labor que nos espera.
La Iglesia nos llama y recuerda que debemos asumir nuestra responsabilidad
con renovado entusiasmo. Con la gracia del Espíritu Santo y en comunión
con todos los hombres de buena voluntad, queremos vivir y obrar de modo
que la Iglesia se expanda en la vida y esperanza del hombre, con nueva
dimensión.
La Hija de María Sma. del Huerto, por
tanto, hoy relee el plan de Dios sobre su "creatura real" y
orienta sus esfuerzos hacia el hombre "aquí y ahora" según la
orden de su Fundador, y se une, así al corazón mismo dela esperanza
evangélica.
Pero, quién es esta Hija de María
Santísima del Huerto?
Es una mujer que ha elegido Dios, que
por Él fue consagrada, que lo busca cada día con "ánimo franco y
sereno, libre y decidido". El amor de Dios lo vive en el amor por los
hermanos.
Por eso: "en simplicidad, en
pobreza, en total disponibilidad se empeña en conocer a los hombres de su
tiempo, sus necesidades... y se pone a su servicio".
El Instituto, por tanto, realiza su
misión evangelizadora en la Iglesia mediante la caridad evangélica
que nace de la contemplación y de la adoración y se encarna en el
servicio.
En contacto con Dios la Hija de María
se llena de fe, de motivaciones profundas de amor y de gozo para vivir
totalmente su misión.
"Dejar a Dios por Dios..." le
dice su Fundador. Pero le recuerda también la "oración
continua"... Su servicio es continuación de su contemplación.
Su carisma es profetismo. Recuerda que
es extremamente importante el testimonio como irradiación de una
fidelidad gratuita al evangelio. Recuerda que el imperativo de su ser:
"signo, conciencia crítica, mensaje", se origina en la pobreza,
vive en la libertad y se convierte en don de sí.
Vive en libertad: en una libertad que
emana de la pobreza y se traduce en don de sí mismo.
"... Una mujer libre y liberadora
- totalmente comprometida - humanamente rica, abierta a la alegría y a la
esperanza" es la expresión de la novedad de vida, según el proyecto
de S. Antonio Gianelli que ella convierte en una realidad para toda su
existencia.
En un mundo de violencia y guerra
fratricida, la vida de una gianellina es un perenne llamado a la
reconciliación, a la paz, a la fraternidad.
Se esfuerza por transparentar en su
mirada la misma mirada de Cristo para mostrar a los hombres la
Omnipotencia de Dios.
Vive la comunión con el Señor y con
sus hermanos, para que esta comunión se convertía en signo de Iglesia y
se comunique a todos los hombres con los cuales ella debe relacionarse. La
Comunidad de las Hijas de Gianelli está insertada por vocación y por
misión en el corazón de la Iglesia. Bajo la acción del E. Santo, cada
hermana se convierte en don para la Comunidad Eclesial.
El Instituto ha vivido, como tantos
otros, momentos difíciles, pero la historia del Pueblo de Dios nos
enseña "que la noche prepara la aurora de una mañana llena de sol,
que el grano muere en la tierra prepara la espiga, que Getsemaní prepara
el alba de la Resurrección".
Hoy, el Instituto, renueva su
fidelidad: a) a la originalidad de su espíritu; b) a la Iglesia, a la
cual desea recurrir siempre como criterio último, de los propios
discernimientos; c) al hombre de hoy. Y con la Iglesia en camino vive sus
momentos de reflexión, sus saltos de prospectiva, sus pausas de
revisión.
Fiel a la Iglesia misionera el
Instituto evalúa, con ella, su propia misión de evangelización,
promoción humana y se examina sobre su responsabilidad apostólica.
La Hija de María establece cuáles son
las urgencias a las cuales, junto al pueblo de Dios, debe responder.
Busca, en unión con sus hermanas, en la oración, el diálogo, el
discernimiento, cuáles son ambientes en los cuales puede realizar mejor
la misión del Instituto; servir al hombre, a todo el hombre. Que el
propio serivicio sea un mensaje de amor y de esperanza sobre todo a los
pobres, a los enfermos y, preferentemente, allí donde otras no pueden ir.
Siente su responsabilidad frente al
hombre de hoy en la concreción de un servicio al cual fue destinada e
inserida por la propia comunidad, en la Pastoral de la Iglesia local.
Responde al llamado de modo creativo, con audacia y entusiasmo,
haciéndose presente en la forma creativa, como tesitmonio al mundo.
Tras las huellas del Fundador, revisa
continuamente las formas de servicio, evaluándolas a la luz de los signos
de los tiempos, buscando un bien estable, mientras respeta el dinamismo de
la historia.
El Carisma de San Antonio Gianelli,
está abierto a las necesidades de todos los hermanos y en todas las
formas exigidas por la realidad existencial.
"Harán el bien con los medios
más universales y simples". Única condición: sobre la técnica y
la eficiencia prevalecen siempre el respeto y el amor al hombre.
El cuidado y el amor de una Hija de
Gianelli, se dirige ante todo al mundo doliente, mundo marginado.
En la vida del barrio pobre la
presencia de la Hija de María no puede ser otra cosa que una experiencia
de pobreza, disponibilidad, condivisión.
En medio de los pobres hace de su vida
una comunidad de oración, para que la misma sea una comunidad de
testimonio y de servicio y sepa redescubrir, con los pobres, el sentido
profundo del evangelio.
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